Puntos y Finales.

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Cuando más difíciles se ponen las cosas, mejor conoces a las personas. Los últimos días de Junio marcan el final del ciclo, al igual que el final de las clases. Claro que final de clases marca el inicio de parciales, e indudablemente el final de la tranquilidad. Durante estos últimos días ves a todo el mundo corriendo entre los corredores, terminando trabajos, buscando soluciones, esperando saber qué hacer para conseguir uno o dos puntos más que le permitan pasar el curso con una nota no tan alta en el final.

Caminar durante los últimos días antes de finales es tétrico, en mi experiencia, a todos se les escapa el aire, todos sienten que el día del juicio está cerca, mientras que los profesores caminan por los pasadizos tan o más relajados que antes. Van con una calma que hasta pareciera disfrutaran el caos que se ocasiona entre las aulas ya la cafetería, pero oh, no eso es solo el comienzo, ya para el ultimo día de la semana antes de los finales, siempre hay algún beodo incontrolable que no puede hacer otra cosa sino pensar en beber, en que si se mueven ahorita, llegan a la “Happy Hour” de algún bar en Miraflores o San Isidro, y es que al igual que ellos, hay muchos más que en razón de su ansiedad buscan refugiarse en la bebida para no tener que recordar que de aquí a unos meses estén saludando al mismo profesor pero con diferentes compañeros.

Inevitablemente, los días pasan y no puedo evitar sorprenderme de cómo, súbitamente, todos nos volvemos aplicados, y si, digo todos porque yo nunca estudio, a menos que lo considere críticamente necesario. De pronto la biblioteca esta mas llena que nunca, la zona de fumadores esta mucho mas vacía y la gente carga libros de un lado para otro, señores eso solo es síntoma de que empezaron los finales. ¡Socorro! ¡Auxilio! ¿Ahora qué hacemos? ¿Cuánto me falta para aprobar? ¿Sabes sacar promedios? ¿Aun podemos subir nota? Y demás frases llenan el aire de la facultad, aunque es mi primer semestre aquí no puedo dejar de maravillarme por como todos van entrando en lo que parece un pánico muy organizado. Primero todos pensamos en que si nuestras notas a lo largo del curso serán suficiente como para hacernos un colchón en contra de la amenaza de los finales, tras eso, nos ataca la duda de cuáles serán las preguntas “de cajón” en el examen, finalmente nos ataca la ansiedad de ir a otro lado, de jugar algo, de ver una película, de olvidar que estamos al borde de definir si es que pasamos o no los cursos, tras este doloroso y desesperante estado, pasamos a la desesperación nuevamente, pero esta vez por estudiar, por hablar con el chico que más sabe en toda la clase para que pueda orientarnos un poco, y es que, en verdad, estamos más perdidos que veleros en altamar.

Finalmente llegamos al momento clave, los quince minutos antes de que empiece el final, donde revisamos todo lo que aprendimos, repetimos todo como si nos fuera a entrar mágicamente en el cerebro, otros rezan a todos los santos que recuerdan, y algunos más osados tatúan en su piel sus respuestas, por si las dudas, claro está, como quiera, todos tienen sus cábalas antes del momento culminante. Finalmente cuando todo acaba, el aire que se respira es una mezcla de temor y esperanza. Al fin se acabo esa angustia, por ahora, porque todavía faltan muchos exámenes más.

Y es que al final, un examen final no es sino el final de varias cosas a la vez, de stress, de preparación, de molestias, de preocupaciones. Pero también es el inicio del siguiente ciclo, de la nueva aventura, de las nuevas preocupaciones, es el entrenamiento para la presentación a un trabajo o a una empresa. Un Final como en la vida real, no es más que otro inicio.

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