Cuando eres nuevo y llegas al nido, cuando es el primer día de colegio y aun ahora que ya haz crecido, al llegar a la universidad o al instituto por primera vez, buscas tu refugio, alguien que se convertirá con los días en tu pareja inseparable.
Cuando llegue a ISIL el primer día, nadie se hablaba con nadie (y eso que somos comunicadores), pero recuerdo que al segundo día una niña me saludo y me pregunto mi nombre, siempre con una sonrisa en los labios. Desde el primer momento me callo muy bien, pero sentí una cierta nostalgia, como si supiese que se marcharía pronto.
Claudia Mares, mi gran amiga, mi compañera segura con la que buscaba rutas para llegar mas rápido a la avenida, con la que viajaba junta todos los miércoles hacia mi casa, la chica que me abrió las puertas de su casa y me contó su vida.
La niña de diecisiete años a la que en mas de una ocasión le pregunte si realmente le gustaba la carrera de comunicaciones, y ella feliz me respondía que si.
Sabia que tenía diecisiete años y que a esa edad uno no sabe lo quiere realmente. Pero conforme pasaban los meces la admiraba en secreto, porque llegue a pensar que era yo la que estaba confundida. Eso no me importa, estaba feliz con haberme confundido, porque eso quería decir que Claudia mi amiga se quedaría mucho tiempo conmigo.
Sin embargo al final el tiempo me enseño algo muy valioso, pero como las grandes cosas importantes de la vida, siempre duele aprenderlas.
Claudia se fue de la carrera y me dio mucha pena me comporte egoísta con ella, al principio porque no quería que se valla, a pesar de todo ella hizo lo correcto y se fue.
Yo por mi parte aprendí que era cierto eso de que los mayores tiene la razón, y no porque sean maravillas vivientes, sino porque tienen experiencia.
Aun ahora la extraño, en este instante que escribo este texto, lo hago pensando en ella y la extraño. Y hoy la admiro más que ayer.









0 comentarios:
Publicar un comentario