Tengo 19 años. Esta no es mi primera carrera, esta no es mi primera vez siendo cachimbo. Pero es la primera vez que hago algo que realmente me gusta. Es la primera vez que me siento satisfecho llegando a estudiar. Me siento feliz cuando camino por los pasillos del Instituto, cuando paso horas sentado en una carpeta absorto ante lo que dicen mis profesores.
Porque son MIS profesores, me siento orgulloso de que mis futuro estudiantil este en las manos de esta gente. Gente que me deslumbra y me hace sentir que puedo ser mejor. Los veo y pienso en todo lo que me gustaría hacer. Todos los sueños que tengo
Tengo 19 años y no puedo dejar de pensar en que debería haber estado aquí desde que escape de la escuela. Trabaje alrededor de 1 año y medio en Starbucks, disfrute la experiencia pero me quede con las ganas de seguir adelante. Me tuve que ir por motivos fuera de mi alcance, porque se me acababa el tiempo y la paciencia. Amaba trabajar y fue allí cuando aprendí que no tenía por qué dejar mis sueños atrás. Que lo que necesitaba hacer era correr tras mis ideales.
Y cuando toda mi carrera de Derecho pareció derrumbarse, principalmente por la falta de interés, la mezcla de dos trabajos, la falta de prácticas, el trauma de mantenerme solo y muchos factores más, me di cuenta que era hora de perseguir mi sueño, de evitar que se escape la vida de las manos. Tome lo que aprendí y me arme de valor. Y emprendí el viaje a lo que quería hacer, me despegue del mundo que me asfixiaba y me atrapaba, deje atrás mis dudas y mis temores. Nunca me atreví por que no tenía dinero, nunca lo soñé por qué no tenía como hacerlo, o al menos eso creía. Tengo la costumbre de siempre pensar que hacer en el caso más extremo, en el peor de los casos y posiblemente la peor de las situaciones.
Pero a veces hay que confiar. Un poquito, o quizás mucho, y entregarse a la vida, a la suerte. Si tú no te arriesgas en pos de tu felicidad nadie lo hará, si tu no haces lo que te gusta, nadie lo hará por ti. Si no te entregas a la pasión de ser quien realmente quieres ser, y no quien los demás quieren que seas, probablemente jamás encuentres ese sentimiento de plenitud. Plenitud, me siento completo, siento que voy por el camino correcto en la dirección correcta, que nada se va a salir fuera de control, y eso, es genial.
Me llamo Alejandro, pero esta gente maravillosa que conocí en este lugar me dice Alejo. Tengo la suerte de poder retomar mis sueños, y ponerlos en marcha. Tengo la grandiosa oportunidad de mantenerme en el rumbo que me gusta. Siento que entre las practicas en Magenta, bajo la supervisión de Augusto, las tardes conversando con Veliz, los cigarrillos compartidos con Mayi y las frigoríficas tardes de edición con David todo lo que hago no podría ser mejor de lo que ya es. Tengo 19 años, Vivo solo, estudio comunicaciones, me gustan los gatos, y estoy cien por ciento orgulloso de ser un cachimbito.
P.D: No tengo nada de eso ultimo pero espero que antes de terminar mi carrera pueda tener por lo menos la mitad de todo el inventario necesario para un comunicador







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